Propone investigador ciudades libres de agrotóxicos
Por Oswal Alonso
Los gobiernos y universidades deben trabajar en políticas públicas para contar con ciudades libres de agrotóxicos, ya que la agroindustria ha envenenado las ciudades con alimentos contaminados, lo que ha tenido como consecuencia enfermedades crónico degenerativas para las personas, afirmó el investigador de la Universidad Metropolitana de la Ciudad de México, Josemanuel Luna Nemecio.
Al presentar su trabajo el pasado 7 de marzo, titulado: Ciudades envenenadas: impactos ocultos de la agroindustria en la salud urbana, ante los estudiantes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (FCA) de la UAEM, el académico e investigador planteó la necesidad de establecer una relación entre el cuidado de la salud, del ambiente y la libertad, para construir ciudades y campos libres de agrotóxicos.
En su opinión, el Estado debe generar una política pública que prohíba la producción, comercialización y distribución de agrotóxicos, y fomentar medidas de concienciación y apoyo económico para apoyar la transición hacia formas agroecológicas de producción.
Esto se debe hacer, por un lado, mediante la regulación del gobierno con un nuevo tipo de políticas públicas orientadas a atender todas las áreas de oportunidad que se abran con esta transición ecológica en la producción de alimentos, además, se tiene que impulsar la producción agroecológica tanto en el campo como en la ciudad.
“Las ciudades tienen que ser espacios en donde su propio proceso de reverdecimiento no sólo implique la reforestación intensiva, sino también generar una agricultura urbana no basada en sustancias químicas. Además, tiene que haber circuitos de comercialización para esos productos, basados en una economía social, solidaria, comunitaria y justa”, propuso.
Señaló que, por otro lado, no se debe esperar a que el Estado o el gobierno tomen cartas en el asunto, sino que como sociedad civil, también debemos comenzar a movilizarnos y en función del territorio, trabajar por la recuperación productiva de nuestros territorios, tanto urbanos como rurales, para ser factores de cambio y de organización política.
Afirmó que la producción, venta y consumo de alimentos orgánicos no tienen que ser un lujo en México, sino un derecho. “Tenemos que exigir que se nos dé acceso a estos alimentos que, en verdad no sean venenosos y que nos sirvan como seres humanos para poder vivir”, afirmó.
Esto es relevante ya que estudios realizados con recursos del anterior Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología (Conahcyt) llevaron a cabo investigaciones para probar los efectos negativos en la salud humana de los alimentos envenenados con agroquímicos, desde verduras hasta carne.
Los resultados de varios estudios demostraron la presencia de secuencias transgénicas en maíces y algodones nativos, cultivos originarios de nuestro país. Además, se probó la presencia de transgénicos y glifosato en alimentos hechos a base de maíz en nuestro país.
El 90.4 por ciento de las tortillas que se consumen en México están envenenadas, dijo, con algún transgénico o glifosato; el 73.4 por ciento de las botanas también, las harinas un 83.3 por ciento, las tostadas 76.7 por ciento y los cereales 50.0 por ciento.
El académico, presentó una tabla en la que explica que, después de que se firmó el tratado de libre comercio en 1995, se incrementó la utilización del glifosato aplicado en soya y maíz.
También se incrementó el porcentaje de maíz y soya transgénicos; a la par, se observó una tasa mayor de incidencia en padecimientos relacionados con la salud humana.
Explicó que, de acuerdo con los estudios, se incrementaron las enfermedades relacionadas con la agroindustria, por ejemplo, dolores de cabeza frecuentes, fatiga, ansiedad, irritación de mucosas y piel, alergias en personas que están expuestas ocupacionalmente a los agroquímicos, irritación de tejidos, alteraciones sistémicas y metabólicas.
Entre otros efectos, dijo, también se observan alteraciones inmunológicas, estrés oxidativo, degradación nutricional y factores de desarrollo de cáncer de distintos tipos, no sólo para quienes utilizan agroquímicos, sino también para quienes consumen alimentos envenenados con los mismos.

Fotos: Cortesía.